Mi vida cambió cuando adopté a Prince.

Pertenecía a los propietarios de un bar/restaurante marroquí situado muy cerca de una asociación a la cual yo solía ir. Un buen día, los señores responsables del Bar decidieron que ya no les era útil ( la función de Prince era de perro guardián) y que si nadie lo quería se desarían de él. La asociación decidió acogerlo en sus instalaciones, pero la presencia de otro macho Alfa no facilitó la integración. Así que decidí llevármelo a casa temporalmente con la esperanza de encontrarle un adoptante. ¿Adoptar un perro en París? Pero estábamos predestinados y convivimos 3 años juntos hasta que una enfermedad se lo llevó. Tardé varios meses en recuperarme.

Poco tiempo después y no con poco esfuerzo, conseguí ser aceptada por la fundación Fongesif que me permitiría iniciar mis estudios como educadora canina en una de las academias más destacadas en el sector.

Pero fue cuando colaboré con protectoras y asociaciones de rescate que me dí cuenta que la educación básica no era suficiente para poder ayudar aquellos perros que se encontraban tanto física como mentalmente destrozados ( miedos, fobias, agresividad, etc) Y allí mi vida dio un verdadero cambio cuando decidí especializarme en la psicología canina.

Desde entonces ayudo a muchísimas personas a recuperar la comunicación y el control de sus perros. Compartir mi experiencia y conocimientos para poder mejorar la vida tanto de los humanos como de los canes me llena de fuerza, energía y felicidad.

Os puedo asegurar que cuando se establece una vía de comunicación directa entre un perro y un humano se consigue la mejor relación que todo propietario de perro siempre a deseado.  Y esa es la mejor manera de disfrutar de nuestros perros.